CHINA

 

China no es una democracia. Es una dictadura con todo lo que eso conlleva y aunque todos los occidentales actuemos hoy como si fuera un país normal, asimilable a las democracias que existen -todavía- en el mundo. El poderío económico, sobre todo, es el que nos lleva a los occidentales y otros, a olvidarnos de eso tan básico; en China se cometen las tropelías de las dictaduras y poco protestamos por estos pagos. Más que nada porque el poderío económico de ese mega-estado nos tiene entre abrumados y acojonados.

Tendemos a olvidar al valiente y pobre chico de la plaza de Tiananmén en las protestas de 1989; ¿dónde estarán sus pobres huesos? También nos olvidamos de que el secretismo, la imposición y la represión son la moneda del día a día chino ¿internet? ¡ja!.

Fue el malinterpretado liberalismo occidental, convertido en un capitalismo salvaje y descerebrado, el que enriqueció China. Fue la codicia de las multinacionales y algo menos multinacionales lo que llevó a buscar esclavos en vez de obreros a China, país confuncionista y comunista ¡qué mezcla!, donde la tradición milenaria es no rechistar al tirano. La justicia laboral y la sociedad del bienestar son un estorbo para los seguidores de aquél; “la codicia es buena,”  que pusieron de moda Reagan y la dama inglesa de los 80’s. Por un cuenco de arroz y un saco de dormir al lado del tajo, los serviles ¿obreros? chinos se pusieron a currar de lo lindo, las empresas occidentales trasladaron allá sus bártulos y el país muerto de hambre empezó a comer todos los días. Mientras el “mezigayu” capicomunista fue peseta a peseta haciéndose rico. Muy rico. Mientras en occidente nos empobrecíamos cerrando fábricas y destruyendo la clase media. Hicimos a China tan próspera que poco a poco fue invirtiendo e invadiendo económicamente África –sobre todo-, Latinoamérica y reverdeciendo con mucha fuerza la milenarísima Ruta de la Seda. Nos prestan dinero y nos tienen agarrados por la vía testicular económica. Los reverenciamos de puro miedo y por la fascinación que produce el dinero y el poder. Y ahí estamos. Con coronavirus.

GxA