OPTIMISMO

 

Existen dichos sociales que aseguran que debemos ser optimistas ante lo que pueda venir. Uno prefiere ser realista. El siglo XXI no nos dio hasta ahora ningún motivo para el optimismo. Quizá la ciencia, más ficción que real. El realismo, que no el optimismo, nos dice que el mundo es un lugar peor en 2020 que en 2000. Cuando digo “peor”, me refiero a que tenemos menos motivos para el optimismo que hace 20 años.

En un repaso rápido la economía no hizo otra cosa que empeorar, el trabajo es un bien escaso y mal pagado, menos para ejecutivos de multinacionales y bancos, la crisis climática es ya irreversible, la democracia se tambalea con unos políticos pusilánimes, cobardes, apáticos, estúpidos y poco empáticos que sólo están a su sueldo y a sus puertas giratorias, con una extrema derecha que en España ocupa todo el espectro que tendría que acoger a los liberales civilizados y una izquierda ausente, inoperante, sectaria, cainita consigo misma, los medios lobotomizan a la gente con sus mantras pagados por Bannon o lo que haya detrás. En todos los aspectos sociales vivimos en una sociedad devaluada que no se visualiza más allá del día de hoy. Estamos crispados, muertos de miedo y nuestras reacciones son las de los rebaños asustados; la estampida.

Tengo ya una edad y no recuerdo una sociedad tan disminuida, tan ensimismada con bobadas, con ñoñerías y por otro lado tan extremadamente violenta, tan contradictoria, tan insufrible ¿son cosas de viejo?; no me parece a mi pesar. Creo que hay bases suficientes en la opinión que se expresa aquí ¿Debemos ser optimistas; sí, ¿existe apoyo para ello?; muy poco. El mundo seguirá, eso casi seguro, la gente también, pero; ¿cómo? Seguro que todo será diferente. Ya lo es y no nos queremos dar cuenta. Esto se verá más claro dentro de cinco, diez, veinte o cincuenta años. Se verá primero cuanto antes saquemos la cabeza del agujero del avestruz, empezaremos a reaccionar cuando veamos el elefante que tenemos en la habitación y cuando eliminemos el insoportable ruido de fondo que hace inútiles nuestros intentos de hablar.

GxA